sábado, 6 de octubre de 2012

La nueva reserva mundial de la Biosfera en Asturias

Cómo llegar

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El Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, en Asturias, denominado así por englobar el macizo montañoso de Las Ubiñas y parte de la antaño vía de comunicación de montaña llamada Camín Real de la Mesa, es, ya, Reserva Mundial de la Biosfera. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha valorado en París, el pasado mes de julio, la gran diversidad de su hábitat, el elevado grado de conservación, la promoción del territorio, el incremento del turismo, la fijación de la población y el freno al despoblamiento para integrarlo en la Red Española de Reservas de la Biosfera. Esta nueva reserva tendrá en común con los otros espacios naturales la identificación a través de logos, la difusión en soportes gráficos y diversas acciones de intercambio de aprendizaje.

Paisaje de montaña. Formalismos aparte, los amantes de la naturaleza y la cultura en su expresión más auténtica hallarán en este territorio de montaña, transitable a través de 54 itinerarios señalizados, un paraíso dotado de todo lo necesario para reconciliarse con el medio ambiente. Su extensión ocupa parte de tres concejos que pertenecen, a su vez, a sendas comarcas del Principado: la totalidad del municipio de Teverga y parte de Quirós (Camín Real de la Mesa) y parte del municipio de Lena (Montaña Central). Sus cumbres son, tras los Picos de Europa, las más altas de Asturias. Entre sus estrellas está el conocido Pico Peña Ubiña (Lena), que exhibe, con sus 2.414 metros de altura, un atractivo modelado glaciar, fenómeno que se hace más evidente en uno de los paisajes más bellos de la reserva: los valles en forma de artesa de los Puertos de Agüeria (Quirós), donde se podrían hallar restos de animales prehistóricos. Otro de los impagables espectáculos visuales que nos regala la orografía de esta reserva son los siempre llamativos relieves kársticos, localizados en los Puertos de Marabio, al norte de Teverga. Se trata de una extensión cuajada de dolinas y valles ciegos que drenan las aguas por sumideros naturales, desembocando en profundas oquedades.

Fauna y arqueología. En este gran espacio rural, cuyo paisaje está formado en gran parte por pastizales que garantizan la continuidad del sector ganadero y la trashumancia estacional, el 33 por ciento de la superficie está poblada por espectaculares hayedos, robledales, castañedos, acebales y bosques de abedules, un cromático patchwork vegetal que abriga venerados monumentos naturales como, en Teverga, los Puertos de Marabio o Cueva Huerta. Esta gruta, de quince kilómetros de longitud, alberga la mayor colonia regional de hibernación del murciélago de cueva. Además, en este purificado paraje, declarado parcialmente Lugar de Importancia Comunitaria y Zona de Especial Protección para las Aves –y al que se debe acudir pertrechado de una buena equipación para disfrutar en plenitud–, conviven en armonía las especies faunísticas más representativas de la cordillera Cantábrica. No es extraño descubrir en un paseo, allá en lo alto, el majestuoso vuelo del águila real e incluso intuir entre los ramajes la presencia del tímido urogallo. O también, a lo lejos, la mirada del lobo en su recóndita guarida y el imponente oso pardo cantábrico de paseo con sus esbardos. Si nos adentráramos, con el imprescindible respeto, en cualquiera de las masas boscosas de esta reserva, quizás nos podría sobresaltar el crujido de una rama o los pasos sigilosos de cualquiera de las especies cinegéticas que tienen allí su segura morada: el jabalí, el corzo, el rebeco o el venado –del que se puede disfrutar, en su época, del espectáculo sonoro de su conocida berrea– o las numerosas especies de otro tipo de mamíferos que también forman parte de este elenco forestal.

Las Ubiñas-La Mesa también es una buena elección para el aficionado a la arqueología y a la historia, ya que posee sorprendentes vestigios que atestiguan las antiquísimas conexiones del territorio astur con la Meseta Central. En zonas altas, y estratégicamente situadas, se encuentran dos calzadas romanas: la Vía de la Carisa, en Lena, trazada bajo supervisión militar en la época de la ocupación romana, y el Camín Real de la Mesa (Teverga), auténtica autopista comercial de montaña entre Asturias y Astorga. Ambas datan del siglo I a.C., así como algunos tramos correspondientes al Camino de las Reliquias en Quirós, al inicio de la Ruta de la Plata y a una parte del Camino de Santiago interior, a su paso por Lena. En cuanto a los yacimientos arqueológicos, destacan la necrópolis tumular de la Cobertoria (Lena-Quirós) y los abrigos rupestres de Fresnedo (Teverga). Estos últimos están formados por cinco pequeñas cuevas donde se ocultan representaciones pictóricas esquemáticas de la Edad del Bronce, a lo que se puede sumar, en el mismo concejo y en versión contemporánea, el Parque de la Prehistoria, que exhibe una interesantísima colección de réplicas de arte rupestre del Paleolítico Superior, tanto de Asturias como del resto del mundo, ideal para ir con niños.

Patrimonio artístico-histórico. Al legado arqueológico hay que sumarle el artístico-histórico: las iglesias románicas de San Pedro (en La Plaza, Teverga) y de San Pedro de Arrojo (en Arroxo, Quirós), y la casa blasonada de los Quirós, con su contundente lema: Después de Dios, la casa de Quirós. Pero, además del arte formal, resultan asimismo peculiares las edificaciones populares de la zona. Los molinos, los antiquísimos hórreos y paneras –en muchos casos tallados, como, en el concejo de Quirós, los de las aldeas de Coañana, Rodiles y Cienfuegos–, las tradicionales cabañas de teito (tejado de escoba) y los corros (cerramientos circulares con falsa bóveda de piedra), todo ello ubicado en las brañas vaqueiras de Teverga o en territorios altos de pastoreo perfectamente visitables. En Quirós destaca el Museo Etnográfico. Construido sobre unos antiguos hornos de fundición, es una recreación auténtica de la vida y los usos pretéritos del lugar, muy apto para acudir con niños. Por último, cabe reseñar la gran cantidad de empresas de turismo activo a través de las cuales la Reserva Mundial de la Biosfera Las Ubiñas-La Mesa se pondrá más fácilmente al alcance del respetuoso visitante.


viernes, 5 de octubre de 2012

Recetas para degustar Las Edades del Hombre

Cómo llegar

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En la tierra de Las Merindades (las antiguas comarcas del norte de Burgos), además de morcillas y asados, hay un enorme listado de materias primas de excelente calidad que vamos saboreando en nuestra particular ruta gastronómica: las alubias rojas de Ibeas para la contundente olla podrida; panes ecológicos de harina candeal y levadura madre como los de Ailanes para la sopa castellana; las lechugas de Medina, las jugosas cerezas y manzanas del valle de Caderechas. Sin olvidarnos de los dulces, tan variados: almendras garrapiñadas de Briviesca, tostones de Pozas de la Sal, rocas de Oña, pastas y pasteles de los conventos (clarisas, carmelitas, dominicas o benedictinas), perrunillas… A esta lista se van incorporando nuevos productos como los derivados del pato –foie, confit, jamón…– procedentes de pequeñas granjas artesanas.

Un toque de modernidad. Desde su particular torre en Espinosa de los Monteros, Miguel nos cuenta lo que están haciendo en Torre Berrueza. “No vengo de ninguna escuela, simplemente hago lo que se hacía en mi casa, que es lo que además me gusta. Es una cocina muy natural en la que prima la calidad del producto. Por proximidad y calidad trabajamos con las materias primas de la zona como las morcillas, anchoas en conserva (elaboradas en Espinosa), caza, productos del cerdo, verduras,… y como te puedes imaginar los pescados vienen del Cantábrico”, nos dice este cocinero autodidacta que un día cambio el mundo de los seguros por los pucheros. En la carta siempre hay perdices y codornices (en verano escabechadas y en invierno guisadas), anchoas en aceite arbequina, ensalada templada de bacalao, hongos confitados, menestra a la bilbaína, carpaccio de presa ibérica o las mollejitas de lechal. Y para terminar la velada, nada mejor que degustar la tarta de queso de la casa. Un trato amable en un ambiente cálido merecen un alto, o dos, en el camino.

La morcilla de Villarcayo tiene ese punto picante que solo la pimienta negra sabe darle, igual que la cocina del Plati tiene ese punto sabroso que solo Begoña sabe otorgarle.Seguimos el recetario castellano tradicional con claras influencias de la cocina vasca y con pequeños toques de autor”, nos asegura Begoña. En la carta hay clásicos como las alubias al estilo de Burgos, el panzo frito que lleva los mismos ingredientes de la morcilla pero embuchado en el estómago del cerdo, la carrillera de cerdo estofada o la sopa de pescado. Platos clásicos que se visten de modernidad para la ocasión como la morcilla rebozada con mermelada de pimientos o el carpaccio de solomillo de vaca con espuma de tomate. Y otros con unas claras influencias vascas, como la merluza a la ondarresa y las kokotxas de bacalao al pil-pil. Una tarta casera de chocolate o almendra, y un vino de Ribera, ya sea en el jardín o en el comedor, son también una buena apuesta.

Platos de temporada. La muestra de Las Edades del Hombre, que se celebra en el Monasterio de San Salvador, ha convertido a Oña en la capital de las Merindades. Con un gran patrimonio artístico, sorprende hallar un restaurante, Blanco y Negro, donde se fusiona la cocina castellana y la senegalesa. “Aquí hacemos una cocina de mestizaje muy particular; seguimos la recetas senegalesas pero el arroz viene de Tailandia, las verduras del mercado del pueblo, los pescados del Cantábrico… Lo único que traemos de Senegal es el pescado seco. La cocina de Senegal es sencilla, elaborada con hierbas y hojas frescas, carnes y pescados marinados, arroz y mijo”, nos cuenta Arona. En la carta encontramos platos del recetario castellano como el asado de cordero, platos típicamente senegaleses (thiéboudiene, yassa poulet, brocheta de cordero…) y platos modernos con toques de autor, donde se aprecia la influencia de las dos cocinas, como su salmón marinado al café con crema de queso a las finas hierbas y toques cítricos o el montadito blanco y negro (milhojas de berenjena, foie, queso de cabra y naranja). La oferta se completa con una decoración étnica y un amable servicio.

Nuestra ruta finaliza en la localidad de Briviesca y la mejor recomendación es hacerlo en el restaurante El Valles. “En nuestra cocina hay tradición, vanguardia y, sobre todo, buen producto. Una cocina respetuosa con la tradición, llena de sabor y con tiempos de cocción muy ajustados”, nos dice Miguel. Y esta idea se resume perfectamente en su carta, donde hay tres menús: el Antiguo Valles basado en la tradición y en el producto de temporada que viene a ser un menú del día; el Menú Terruño, que recuerda la esencia pura del Valles con un plato de cuchara, una degustación con los sabores de la tierra y la especialidad de la casa que es la merluza del Valles, para terminar con un postre; y el Menú de Temporada, con una cocina elaborada con productos de la tierra, de temporada, y preparaciones más vanguardistas. La estrella de la casa es la merluza frita en dos aceites y con dos temperaturas: la primera en aceite de oliva a 170º hasta que la fina capa de harina y huevo quede dorada, y luego se confita en aceite de girasol a 80-90º durante unos nueve minutos hasta que alcance los 41º en su interior. Un plato muy conseguido que nos deja un buen sabor de boca.


El producto estrella de la cocina burgalesa
La morcilla es la reina de los fogones burgaleses. La receta original lleva sangre de cerdo, arroz, cebolla horcal o matancera (una variedad autóctona de las vegas de los ríos Arlanza y Arlanzón), sal, pimienta negra y otras especias. El sabor está en función de las proporciones, del arroz, de la grasa, de las especias y de la cocción. Unos embuchan con el arroz ya cocido y otros con el arroz en crudo y una cocción larga. Los gustos son diferentes dependiendo de la geografía: en las tierras montañosas del norte de la provincia las prefieren picantes, mientras que a los del sur les gustan mucho más suaves y con notas a pimentón, orégano, tomillo, comino, canela y clavo. Hay tantas morcillas como pueblos tiene Burgos.


Un periodista descubre los rincones secretos del Caribe puertorriqueño

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Al llegar a las afueras de la ciudad de Fajardo, la mirada del director Bruce Robinson se detuvo en la playa del Convento, conocida también por los puertorriqueños como la playa del Gobernador. El realizador y guionista de la cinta Los diarios del ron (The Rum Diary, 2011) quedó prendado por este vergel caribeño que forma parte del Corredor Ecológico del Noreste puertorriqueño. Este delicado ecosistema servirá de morada a un Johnny Depp convertido en un alcohólico escritor norteamericano, Paul Kemp, que consigue trabajo en un periódico local.

En este paradisiaco entorno, cada vez que el recién llegado periodista pliega las cortinas de su vivienda a pie de playa, por las ventanas aparece una idílica panorámica que recorre una vasta reserva natural donde habita la tortuga gigante laúd. La franja costera empieza en Luquillo, la primera tierra avistada por la expedición de Colón, tras su paso por Islas Vírgenes, y llega hasta el balneario de Seven Seas, en la localidad de Fajardo, también conocida como la capital del Sol Naciente, que puede presumir de contar con una de las escasas bahías fosforescentes del mundo.

Ahora, el problema que debe resolver el equipo de producción es encontrarle alojamiento cerca del lugar en el que el reportero debe ganarse la vida, que está en la capital, San Juan de Puerto Rico, a 60 kilómetros de su idílica casa de la costa. Y lo hallan en la adoquinada calle O’Donnell, en uno de los edificios coloniales que componen el casco antiguo, donde vive el extravagante Sala, quien acoge al joven periodista. Sin salir de esa zona, los entusiastas de las visitas a los set de rodaje también pueden detenerse ante la fingida sede del diario San Juan Stars, una casa de los años 30 cuyo interior fue absolutamente transformado en una redacción de 1960, época en que se ambienta la película.

El recorrido por la capital de Puerto Rico ofrece también un interesante panorama turístico por los puntos más destacados de su arquitectura religiosa, militar y civil, destacando el fuerte de San Cristóbal, el castillo del Morro –que domina la bahía–, las destilerías de ron, la catedral o el capitolio.

Por la autopista José de Diego, hacia el este, sin dejar de recibir la brisa atlántica, la llamada dulce del melao de caña de azúcar atrajo al equipo de rodaje a la población Vega Baja. Tanto la apariencia colonial de su plaza del Recreo como el edificio del Ayuntamiento sirvieron para recrear una importante juerga carnavalesca que supuestamente ocurría en Santo Tomás (Islas Vírgenes).


El Parador canario de Cruz de Tejeda, elegido el mejor Parador de Turismo de España

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El Parador de Cruz de Tejeda, Gran Canaria, ha sido elegido el mejor Parador de Turismo de España por los usuarios de la web de viajes Trip Advisor, que con sus comentarios, han participado en la confección del ranking Traveller’s Choice Paradores de Turismo, la única clasificación dedicada a una sola cadena hotelera que realiza Trip Advisor.

Los viajeros, clientes de Paradores, que han participado, con sus comentarios y valoraciones, en la confección de este ranking, han decidido que el primer puesto del podio sea para el Parador de Cruz de Tejeda (Las Palmas de Gran Canaria), descrito por un viajero como “un  lugar perfecto para desconectar” y por sus “impresionantes vistas hacia Roque Nublo”, entre otras apreciaciones.

Le siguen en la clasificación los establecimientos de Cáceres y Alcalá de Henares, que recogen opiniones de usuarios como “excelente atención, buena ubicación, limpieza y equipamiento” en el caso del hotel extremeño y por las instalaciones “modernas, amplias, cómodas y bien situadas” del edificio madrileño, según los usuarios de la web de viajes.

El resto de la lista la componen, por orden, los paradores de La Gomera, que repite presencia en el ranking respecto al del año pasado por su “situación privilegiada, maravillosas vistas, habitaciones enormes y excelente jardín” y el de Úbeda (Jaén), al que un usuario cataloga como “una maravilla de lugar por su decoración y estado de conservación”.

El sexto puesto lo ocupa el Hostal dos Reis Católicos de Santiago de Compostela por ser “un lugar maravilloso”, seguido por los edificios malagueños de Antequera, Ronda y Nerja. En décimo lugar encontramos al Parador de Plasencia, un lugar “romántico, limpio, elegante, lujoso y con muy buen servicio” según los viajeros.

El acto de entrega del premio ha tenido lugar en las instalaciones del Parador de Cruz de Tejeda y ha contado con la presencia de la presidenta de Paradores de Turismo, Ángeles Alarcó,  representantes del gobierno de Canarias y del cabildo, directores de Paradores y la responsable de comunicación de TripAdvisor en España, Blanca Zayas. Durante el acto, Alarcó declaró estar “especialmente orgullosa de que una firma tan importante en el mundo del turismo reconozca el trabajo y la dedicación del personal de Paradores. Obtener el respeto y el reconocimiento de los clientes es, sin duda, uno de nuestros principales objetivos”.

No es la primera vez que TripAdvisor elabora rankings similares basándose en la experiencia de sus viajeros. En la primera edición del Travellers Choice Awards se distinguió a los establecimientos de Toledo, Aiguablava (Girona), La Gomera, Cuenca, Nerja (Málaga), Baiona (Pontevedra), Santo Estevo (Ourense), Granada, Lerma (Burgos) y Cardona (Barcelona). 

Además, los paradores de Cardona y Jaén fueron colocados en 2010 entre los diez mejores hoteles-castillos de Europa por los usuarios del sitio web. El parador de Cardona ocupó entonces la octava posición del listado “por su atmósfera y el emocionante tiempo de conducción hasta la recepción” y el de Jaén ostentó el décimo puesto gracias a su “sensación de fortaleza y su extensión, pudiendo alojarse allí sin encontrarse con otros huéspedes”.


Recetas para degustar Las Edades del Hombre

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En la tierra de Las Merindades (las antiguas comarcas del norte de Burgos), además de morcillas y asados, hay un enorme listado de materias primas de excelente calidad que vamos saboreando en nuestra particular ruta gastronómica: las alubias rojas de Ibeas para la contundente olla podrida; panes ecológicos de harina candeal y levadura madre como los de Ailanes para la sopa castellana; las lechugas de Medina, las jugosas cerezas y manzanas del valle de Caderechas. Sin olvidarnos de los dulces, tan variados: almendras garrapiñadas de Briviesca, tostones de Pozas de la Sal, rocas de Oña, pastas y pasteles de los conventos (clarisas, carmelitas, dominicas o benedictinas), perrunillas… A esta lista se van incorporando nuevos productos como los derivados del pato –foie, confit, jamón…– procedentes de pequeñas granjas artesanas.

Un toque de modernidad. Desde su particular torre en Espinosa de los Monteros, Miguel nos cuenta lo que están haciendo en Torre Berrueza. “No vengo de ninguna escuela, simplemente hago lo que se hacía en mi casa, que es lo que además me gusta. Es una cocina muy natural en la que prima la calidad del producto. Por proximidad y calidad trabajamos con las materias primas de la zona como las morcillas, anchoas en conserva (elaboradas en Espinosa), caza, productos del cerdo, verduras,… y como te puedes imaginar los pescados vienen del Cantábrico”, nos dice este cocinero autodidacta que un día cambio el mundo de los seguros por los pucheros. En la carta siempre hay perdices y codornices (en verano escabechadas y en invierno guisadas), anchoas en aceite arbequina, ensalada templada de bacalao, hongos confitados, menestra a la bilbaína, carpaccio de presa ibérica o las mollejitas de lechal. Y para terminar la velada, nada mejor que degustar la tarta de queso de la casa. Un trato amable en un ambiente cálido merecen un alto, o dos, en el camino.

La morcilla de Villarcayo tiene ese punto picante que solo la pimienta negra sabe darle, igual que la cocina del Plati tiene ese punto sabroso que solo Begoña sabe otorgarle.Seguimos el recetario castellano tradicional con claras influencias de la cocina vasca y con pequeños toques de autor”, nos asegura Begoña. En la carta hay clásicos como las alubias al estilo de Burgos, el panzo frito que lleva los mismos ingredientes de la morcilla pero embuchado en el estómago del cerdo, la carrillera de cerdo estofada o la sopa de pescado. Platos clásicos que se visten de modernidad para la ocasión como la morcilla rebozada con mermelada de pimientos o el carpaccio de solomillo de vaca con espuma de tomate. Y otros con unas claras influencias vascas, como la merluza a la ondarresa y las kokotxas de bacalao al pil-pil. Una tarta casera de chocolate o almendra, y un vino de Ribera, ya sea en el jardín o en el comedor, son también una buena apuesta.

Platos de temporada. La muestra de Las Edades del Hombre, que se celebra en el Monasterio de San Salvador, ha convertido a Oña en la capital de las Merindades. Con un gran patrimonio artístico, sorprende hallar un restaurante, Blanco y Negro, donde se fusiona la cocina castellana y la senegalesa. “Aquí hacemos una cocina de mestizaje muy particular; seguimos la recetas senegalesas pero el arroz viene de Tailandia, las verduras del mercado del pueblo, los pescados del Cantábrico… Lo único que traemos de Senegal es el pescado seco. La cocina de Senegal es sencilla, elaborada con hierbas y hojas frescas, carnes y pescados marinados, arroz y mijo”, nos cuenta Arona. En la carta encontramos platos del recetario castellano como el asado de cordero, platos típicamente senegaleses (thiéboudiene, yassa poulet, brocheta de cordero…) y platos modernos con toques de autor, donde se aprecia la influencia de las dos cocinas, como su salmón marinado al café con crema de queso a las finas hierbas y toques cítricos o el montadito blanco y negro (milhojas de berenjena, foie, queso de cabra y naranja). La oferta se completa con una decoración étnica y un amable servicio.

Nuestra ruta finaliza en la localidad de Briviesca y la mejor recomendación es hacerlo en el restaurante El Valles. “En nuestra cocina hay tradición, vanguardia y, sobre todo, buen producto. Una cocina respetuosa con la tradición, llena de sabor y con tiempos de cocción muy ajustados”, nos dice Miguel. Y esta idea se resume perfectamente en su carta, donde hay tres menús: el Antiguo Valles basado en la tradición y en el producto de temporada que viene a ser un menú del día; el Menú Terruño, que recuerda la esencia pura del Valles con un plato de cuchara, una degustación con los sabores de la tierra y la especialidad de la casa que es la merluza del Valles, para terminar con un postre; y el Menú de Temporada, con una cocina elaborada con productos de la tierra, de temporada, y preparaciones más vanguardistas. La estrella de la casa es la merluza frita en dos aceites y con dos temperaturas: la primera en aceite de oliva a 170º hasta que la fina capa de harina y huevo quede dorada, y luego se confita en aceite de girasol a 80-90º durante unos nueve minutos hasta que alcance los 41º en su interior. Un plato muy conseguido que nos deja un buen sabor de boca.


El producto estrella de la cocina burgalesa
La morcilla es la reina de los fogones burgaleses. La receta original lleva sangre de cerdo, arroz, cebolla horcal o matancera (una variedad autóctona de las vegas de los ríos Arlanza y Arlanzón), sal, pimienta negra y otras especias. El sabor está en función de las proporciones, del arroz, de la grasa, de las especias y de la cocción. Unos embuchan con el arroz ya cocido y otros con el arroz en crudo y una cocción larga. Los gustos son diferentes dependiendo de la geografía: en las tierras montañosas del norte de la provincia las prefieren picantes, mientras que a los del sur les gustan mucho más suaves y con notas a pimentón, orégano, tomillo, comino, canela y clavo. Hay tantas morcillas como pueblos tiene Burgos.