miércoles, 5 de diciembre de 2012

Cruz de Tejeda, elegido el mejor Parador del 2012

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El Parador de Cruz de Tejeda (Gran Canaria) ha cautivado a tantos viajeros que su valoración en TripAdvisor le ha situado, este 2012, en el número uno del ranking de los diez mejores Paradores de la red. El pasado año los Paradores distinguidos fueron los de Toledo, Aiguablava (Girona), La Gomera, Cuenca, Nerja (Málaga), Baiona (Pontevedra), Santo Estevo (Ourense), Granada, Lerma (Burgos) y Cardona (Barcelona). Este año, el primer puesto de la clasificación ha viajado hasta el centro de Gran Canaria, ya que este Parador es el que cuenta con más comentarios y más elogios. ¿Por qué? Al menos por diez razones que justifican el premio (y el viaje):

1. VISTAS. Es un placer de dioses sentarse en la terraza del Parador y ver el espectáculo que Miguel de Unamuno denominó “la tempestad petrificada”. Simas, bosques y formaciones volcánicas dibujan un paisaje agreste e intenso, que pocos imaginan en una isla afamada por sus playas. Destaca la presencia del Roque Nublo, uno de los mayores del mundo por su altitud: 80 metros desde su base, a 1.800 metros del nivel del mar. Fue lugar de culto aborigen, como su vecino, el Roque Bentayga. Detrás de los roques se divisa el mar y, al fondo, la costa de Tenerife y el Teide.

2. SENDERISMO. El Parador está situado en el centro de una antigua red de senderos que unía la población de Tejeda, en la caldera volcánica, con la vega de San Mateo y otras poblaciones vecinas. La red se ha rehabilitado para disfrute de los senderistas, que pueden pasearse entre pinos gigantes canarios, vegas de almendros, bosques atlánticos y formaciones volcánicas. La ruta más frecuentada lleva hasta el Roque Nublo desde las inmediaciones del sitio conocido como la Culata, por un camino bien señalizado. Hay empresas especializadas en turismo activo que proponen, además de senderismo, excursiones a caballo, barranquismo y escalada.

3. GASTRONOMÍA. Carne de cochino, baifo (cabrito), conejo en salmorejo, papas arrugás, mojo rojo, pucheros de legumbres y quesos artesanos son algunas de las especialidades canarias que ofrece la carta del Parador. Más típicas del lugar aún, porque nacen en el municipio de Tejeda, son las delicatessen elaboradas con almendra: mazapán y bienmesabe. La almendra de Tejeda es una de las más famosas de España. La primera instalación eléctrica del municipio fue alimentada por un motor diésel que se utilizaba de día para partir almendras. Todavía hoy parte de la producción se elabora al modo tradicional. El mazapán y el bienmesabe son dulces exquisitos a cuya singularidad se suma la oferta de quesos: Gran Canaria fue Capital Mundial del Queso en 2009.

4. HABITACIONES. El Parador ofrece 43 habitaciones (nació con diez), todas amplias, acondicionadas, luminosas y bien comunicadas con las zonas comunes. Dos son accesibles a personas discapacitadas. Las más solicitadas son las dobles con techos abuhardillados de gruesas vigas de madera que, por su carácter romántico, evocan un refugio de montaña. La estancia más singular es la júnior suite. Tiene una gran terraza (con un balancín de mimbre) desde la que se divisan la caldera, los roques, los bosques y el mar.

5. SERVICIO. La mayoría de los comentarios recogidos por TripAdvisor que se refieren a Cruz de Tejeda destacan la amabilidad, eficacia y simpatía del personal del Parador. No será una sorpresa para quienes conozcan otros establecimientos de la red. En este caso, hay que convenir que la dulzura canaria, que es una propiedad de los habitantes de estas islas, no está solo en sus postres y acompaña también al personal de este Parador.

6. SPA. El moderno Spa del Parador de Cruz de Tejeda ofrece piscina, sauna, baño turco, chorros relajantes, duchas estimulantes y tumbonas de hidromasaje. Además, propone especialidades canarias: envolvimiento con aloe vera, masaje nutritivo con aguacate, baño de miel facial y corporal y Tejeda stone experience, con piedras locales volcánicas. La piscina se prolonga hasta un espacio abierto, junto a los pinos, que permite disfrutar de los atardeceres en bañador, a la temperatura de la zona de relax.

7. TRADICIÓN. El Parador nació en 1937 como albergue. El lugar fue elegido por su posición elevada frente a un paisaje excepcional. El diseño del edificio y su primera decoración fueron firmados por el pintor canario Néstor Martín Fernández de Latorre, uno de los máximos representantes del simbolismo modernista, y por su hermano Miguel, arquitecto. Muchos rincones del Parador conservan la impronta de su primera época. En algún anaquel hay antiguos objetos de plata y de peltre, como relojes astronómicos o esculturas. Una de las lámparas de madera más valiosas del salón principal incorpora figuras vestidas con los trajes típicos canarios.

8. CIELO. Rara es la noche en la que no se puede disfrutar de un cielo limpio y claro, con el brillo de miles de estrellas. Los vientos alisios, la mínima contaminación lumínica de la isla y una sensibilidad especial hacia la contemplación del cielo que se ha extendido en Canarias (y que ha contribuido a formar los primeros guías estelares de España, especializados en facilitar la observación de las estrellas) explican la belleza de un cielo que se llena de estrellas fugaces en agosto (perseidas), octubre (oriónidas) y noviembre (leónidas).

9. TEJEDA. El pueblo de Tejeda, a 1.050 metros de altura sobre el nivel del mar, agrupa varias hileras de casas blancas sobre los pliegues de la caldera volcánica, de forma que, en ocasiones, parece Santorini, con cuyas crestas podría rivalizar en belleza. Imprescindible visitar la Dulcería Nublo, con su horno de leña que se prende con cáscara de almendra amarga. Hay que probar las almendras garrapiñadas, el mazapán, las mermeladas (tomate, naranja, albaricoque, ciruela), el bienmesabe y disfrutar de la amabilidad de Rosa María, la dueña. Entre los museos del pueblo (hay tres) destaca el Centro de Plantas Medicinales, muy visitado por expertos de China interesados en las virtudes de la ruda, el espliego, el romero y otras plantas de bosque y de roca, que, según la tradición, curan enfermedades y sanan y protegen frente a la envidia y el mal de ojo.

10. GRAN CANARIA. Cruz de Tejeda está en el centro geográfico del norte de la isla, en una inmejorable posición como base para recorrer todos los atractivos de Gran Canaria. La capital, con su famosa playa de Las Canteras, se encuentra a 35 kilómetros del Parador. Hacia el sur, la CG 60 lleva hasta Maspalomas, que este año ha sido sede del Día Mundial del Turismo y celebra su 50 aniversario como municipio turístico. Las dunas y el palmeral de Maspalomas son otros atractivos de una isla que posee 33 espacios naturales protegidos, suma 236 kilómetros de costa y parece, por su biodiversidad, un continente en miniatura. En Los Tilos de Moya, al noreste de la isla, se encuentra el último reducto grancanario de laurisilva.

TOP TEN DE PARADORES

Los viajeros, clientes de Paradores, que han participado en la confección de esta clasificación, con sus comentarios y valoraciones en la web tripadvisor.com, han decidido que este año el primer puesto del podio sea para el Parador de Cruz de Tejeda, descrito como “un lugar perfecto para desconectar” y por sus “impresionantes vistas hacia el Roque Nublo”, entre otras apreciaciones. Le siguen en la clasificación los establecimientos de Cáceres y Alcalá de Henares, que recogen opiniones de usuarios como “excelente atención, buena ubicación, limpieza y equipamiento” en el caso del hotel extremeño y por las instalaciones “modernas, amplias, cómodas y bien situadas” del edificio alcalaíno, según los usuarios de la web de viajes. El resto de la lista la componen, por orden, los Paradores de La Gomera, que repite presencia en el ranking respecto al del año pasado por su “situación privilegiada, maravillosas vistas, habitaciones enormes y excelente jardín”, y el de Úbeda (Jaén), al que un usuario cataloga como “una maravilla de lugar por su decoración y estado de conservación”. El sexto puesto lo ocupa el Hostal dos Reis Católicos de Santiago de Compostela por ser “un lugar maravilloso”, seguido por los edificios malagueños de Antequera, Ronda y Nerja. Finalmente, en décimo lugar encontramos al Parador de Plasencia, un lugar “romántico, limpio, elegante, lujoso y con muy buen servicio”, según los viajeros.

LOS 10 MEJOR VALORADOS


1. Cruz de Tejeda, Gran Canaria

2. Cáceres

3. Alcalá de Henares

4. La Gomera

5. Úbeda

6. Santiago de Compostela

7. Antequera

8. Ronda

9. Nerja
10. Plasencia


martes, 4 de diciembre de 2012

Arévalo, la villa favorita de Isabel la Católica

Cómo llegar

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Los productores de la serie Isabel –con minutos de oro de más de cuatro millones de espectadores– lo tuvieron fácil con respecto a Arévalo. No hizo falta Photoshop, ni trucos. Desde los trigales y pinares que envuelven a la villa abulense, la actual imagen del castillo podría ser la misma que cinco siglos atrás. Lo que ocurre es que la serie miente (en aras del efectismo); no fue en ese castillo donde vivieron los años más felices de su vida Isabel y su hermano Alfonso, junto con su madre viuda Isabel de Portugal (y su abuela Isabel de Barcelos, a la que nadie menciona, ¡pobre!). No vivían ahí sino en un palacio o Casas Reales que había en la Plaza del Real, edificio que fue luego convento y aguantó el tipo hasta que unos meses después de morir Franco lo demolieron, sin más contemplaciones.

Ciudad señorial

Arévalo es telón de fondo en toda la serie porque sus trece capítulos se ocupan solo de la Isabel joven, hasta que fuera proclamada reina de Castilla. El palacio real (pueden verse fotos, y su maqueta, en el museo de la ciudad) desapareció, y esa misma suerte parecen a punto de correr unos cuantos más, grapados y sostenidos por prótesis de hierro. Y es que Arévalo fue una de las ciudades señoriales de Castilla, cuya corte era itinerante (hasta Felipe II). Importante por sus defensas naturales (cercada por las hoces de los ríos Adaja y Arevalillo) y militares, pero, sobre todo, por su opulencia, debida a la lana y especialmente al cereal. Como anécdota, cuando el poeta Gil de Biedma (que veraneaba muy cerca de allí) tuvo que pronunciar el discurso de ingreso en la carrera diplomática, en vez de elegir, como sus colegas, ciudades de postín, tipo Roma, París o Londres, eligió, para asombro de todos, Arévalo.

La puerta llamada de Alcocer, que da acceso a la Plaza del Real (y al palacio esfumado), es un regalo que hicieron los árabes a la ciudad cuando era suya (además de alcantarillado y otros lujos urbanos). En esa puerta-baluarte, además de la Oficina de Turismo se instaló no hace mucho un pequeño Museo del Cereal, algo muy apropiado para este enclave cerealista, que lo sigue siendo. A las afueras del casco urbano se mantienen en pie varias harineras; una de ellas sigue funcionando y, según los entendidos, es uno de los dos o tres puntos donde más grano se mueve de toda España (Arévalo cuenta con ferrocarril y buenas carreteras). El museo está instalado en la parte alta del torreón, en lo que fuera cárcel hasta hace poco –se ven los grafiti de los presos–, y su capilla. Hay otro espacio dedicado al cereal, dentro del (muy rehecho) castillo; éste se puede visitar, aunque el museo no está aún inaugurado. Se trata en realidad de un muestrario; si los incas cultivaron, dicen, hasta tres mil variedades de patata, en esta colección se muestran unos 250 cereales, que no está mal. Naturalmente hubo y hay una alhóndiga o depósito de trigo; se conserva la fachada y poco más, y ahora lo que almacena no es grano ni paja: es una biblioteca.

Moros y judíos

En el trajín por los rincones de Arévalo nos ha estado saliendo al paso, de forma persistente, el ladrillo, ahora tan denostado. Símbolo y alma de un estilo de arquitectura y también de vida: el mudéjar. El estilo mudéjar traduce el mestizaje que imperaba entonces en Castilla (cosa que refleja bien la serie televisiva), tanto en arte como en ropas o costumbres. Los cristianos de Arévalo se llevaban, más o menos, con judíos y musulmanes; la aljama o barrio judío contaba con unos 600 vecinos, y la morería, con algunos más. Aparte de los relumbrones cristianos, casi todos de paso, Arévalo vio nacer a figuras de relieve que son más conocidas fuera que dentro de España, como Mancebo de Arévalo, autor de la Tafçira, tratado de mística islámica, o como Abraham Gómez Silveira, emigrado a Holanda en el siglo XVII, rabino y escritor. Sí se conoce más al paisano Fray Juan Gil, fraile trinitario que rescató de las cárceles de Argel a más de 500 cautivos, entre ellos un tal Miguel de Cervantes.

Esto y más puede verse en el Museo de Historia de la ciudad, ubicado en la antigua Casa de los Sexmos (un tipo de impuesto, para entendernos, como los diezmos). Esta casa está en una de las plazas más bonitas y mejor conservadas de Castilla, la Plaza de la Villa (¿cómo no la han aprovechado en la serie?), porticada y presidida en sus extremos por dos iglesias mudéjares, Santa María y San Martín. En la de Santa María puede verse un Pantocrátor románico en el ábside, y otras pinturas. La de San Martín, con dos torres gemelas que no lo son, ha sido reconvertida en centro cultural de la Obra Social de Caja Ávila; un ágora importante, por los conciertos y exposiciones que aloja, pero también por la propia arquitectura, armónica emulsión de románico, mudéjar y barroco.

Gente importante

Naturalmente, hay más cosas para ver y disfrutar de Arévalo. Aparte del skyline singular de torres que se ve desde la autovía, hay palacios y casonas reutilizados, iglesias (algunas cerradas) y conventos (en ruina), puentes, calles soportaladas y casas de cuño mudéjar más o menos vetusto. Y muchos fantasmas, de gente importante que se movió por aquí; los que salen en la serie (Isabel volvió muchas veces a la que llamaba “mi villa”, su Rosebud añorada) y otros, como Ignacio de Loyola, o la segunda mujer del marido de Isabel, Fernando el Católico...

Hablando de gente, muchos saben que el periodista Emilio Romero (muerto en 2003) era de Arévalo; pero no tantos sabrán que allí nació también Eulogio Florentino Sanz, un señor que compuso algún drama y tradujo nada menos que a Goethe y Heine del alemán, dándolos a conocer a nuestros románticos. También era de allí el escritor Julio Escobar, muerto en 1994 y bien conocido por gastrónomos ilustrados; decía que los peces del Adaja eran “incorruptibles” (es verdad, se momifican o secan bien, con tripas y todo, gracias al arsénico que arrastra ese río taimado...).

Hablando de comer, otro de los atractivos capitales de Arévalo es el tostón. En la calle Santa María, José María y María José Martín, hermanos gemelos y quinta generación (por lo menos) de panaderos, siguen asando cochinillos en horno de encina. Lo hacen para particulares o restaurantes (aunque estos, casi todos, tienen horno propio). Han llegado a asar hasta trescientos animalitos en un día (Nochebuena, por ejemplo). Y presumen de que en su casa (que fue antaño posada) paró en alguna ocasión Santa Teresa. Glosando palabras, precisamente de la santa, podríamos decir que Dios anda también entre cochinos. De hecho, saben a gloria.

Tostón con pedigrí y una divertida receta en verso

El Tostón de Arévalo goza ya de D.O. con su correspondiente logo. Una docena de restaurantes, además de carnicerías o tiendas, se acogen a la marca. El cochinillo, según los cánones, debe tener menos de veinticinco días, pesar unos tres kilos y (dicen los puristas) mejor si es hembra. Se churrasca en horno calentado con encina o cándalos de pino (esta comarca se llama La Piñonería, precisamente). Sobre fuente de barro de Tiñosiños, sin vidriar, para que el barro vaya cogiendo pátina y acabe negro como un tizón (en Tiñosiños, 24 kilómetros al sur de Arévalo, trabaja todavía un alfarero). La receta fetén del tostón la puso en verso un vate local llamado (no es broma) Manolo Perotas; consultar en Internet, es divertidísima.


Carnaval a la indonesia

Cómo llegar

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Banyuwangi es la ciudad más oriental de Java. Desde su puerto parten los ferris que viajan hasta la ‘hiperturistizada’ isla de Bali. Es un lugar apacible, repleto de gente amable y que cuenta, en las cercanías, con bonitas playas y con el espectacular volcán Ijen. Pese a todo ello, son muy pocos los viajeros que se detienen aquí. La práctica totalidad, tras visitar las principales atracciones de Java, atraviesan sus calles a toda velocidad en busca del barco que les conduzca hasta el supuesto paraíso que esperan encontrar en Bali.

Esta es la razón por la que, los pocos extranjeros que pasean por Banyuwangi son vistos como una atracción por la población local. Hombres, mujeres y niños saludan con efusividad y simpatía a los recién llegados. “Hello Míster” se escucha a cada paso, mientras aquellos que saben algunas palabras de inglés tratan de entablar una mínima conversación con el extraño.

La ciudad, en sí, no tiene apenas atractivos turísticos. Sin embargo, cada año, en el mes de noviembre celebra un multitudinario, y muy atractivo, festival cultural. Hoy es el primer día de festejos y un río humano se dirige hacia la playa de ‘Boom’.  “Habrá mil bailarinas danzando a la vez, será un gran espectáculo” nos dice Hudi, un joven peluquero que ha acudido al evento junto a su familia. Son las tres de la tarde y el sol castiga con fuerza esta zona de Java. La gente se protege de él de una forma un tanto extraña para nuestra mentalidad; algunos utilizan el casco de la moto como si de una gorra se tratara, otros visten cazadoras de cuero y polos de manga larga. El termómetro marca 38 grados centígrados, pero muchos asistentes visten como si el festival se celebrara en Noruega. Todo sea para no quemarse y, sobre todo, para que su piel no se oscurezca más por el efecto de los rayos solares.

Una marea humana rodea ya el lugar en que va a desarrollarse el show. Se trata de una gran explanada en la playa, acotada con vallas y presidida por un pequeño escenario. Un grupo de jóvenes reparte miles de panfletos escritos en inglés indicando el lugar en que se encuentra la oficina de información turística de la ciudad. Los lugareños recogen los folletos un tanto extrañados y sin entender lo que en ellos se dice. Está claro que las autoridades locales tratan de atraer turistas promocionando este tipo de eventos. Sin embargo, no hay más de media docena de  extranjeros entre la multitud.

El espectáculo comienza con cierto retraso que a nadie parece importar. Los actores empiezan la actuación representando escenas que reflejan la felicidad con que se vivía en Java antes de la llegada de los colonizadores. Príncipes y princesas danzan con llamativos trajes mientras rinden culto a sus dioses en un ambiente de total armonía. De repente, aparece en escena un grupo de soldados holandeses. Sus rostros están grotescamente maquillados para realzar su maldad.  Los oficiales, montados a caballo, se emborrachan mientras sus soldados maltratan a los nativos. El triunfo final de la cultura javanesa se simboliza con la ‘invasión’ final de la explanada por parte de un millar de jóvenes bailarinas ataviadas con los coloridos trajes tradicionales. Son estudiantes llegadas desde toda la ciudad y sus alrededores. Durante unos minutos, con bastantes aprietos debido a que el lugar se ha quedado pequeño, ejecutan una danza festiva con que se pone fin a la peculiar representación.

Carnaval popular

Veinticuatro horas después se celebra el otro plato fuerte del Festival de Banyuwangi, el llamado Etno Carnaval. Un desfile de música, disfraces y representaciones culturales que recorre las calles del centro de la ciudad. Pese a encontrarnos en una zona mayoritariamente musulmana, esta celebración pagana reúne a la ciudad en pleno. Mujeres cubiertas con el pañuelo islámico, ríen mientras se fotografían junto a alguno de los ‘lady boys’ (travestís) que participan en el desfile. Los hombres saludan alegremente a los cuatro extranjeros que matan la sed tomando una cerveza. No hay ningún reproche, sólo alegría y mucha tolerancia ante las creencias y costumbres del prójimo.

Un grupo de ‘dragones’ abre el cortejo asustando a los más pequeños. Tras ellos, grupos de música tradicional acompañan a las grandes estrellas del día: los portadores de los grandes y sofisticados disfraces carnavaleros. Los trajes son más recatados y humildes, pero recuerdan a los que pueden verse cada mes de febrero en ciudades como Río de Janeiro, Las Palmas o Tenerife. Eso sí, aquí todo es más imprevisible e improvisado. La gente se lanza al medio de la calle para hacerse fotos junto a los protagonistas del pasacalles. El cortejo tiene que detenerse cada minuto, para que un grupo de chicos, chicas o adultos posen frente a la cámara de algún teléfono móvil. El desfile pierde totalmente el ritmo pero gana en espontaneidad y en participación ciudadana.

Tras una hora de parsimoniosa celebración, estalla una gran tormenta. La lluvia comienza a caer con gran virulencia. Muchos espectadores tratan de resguardarse bajo un toldo o un tejado. Pero la mayoría sigue en la calle, empapándose y tomando el diluvio como una parte más de este carnaval a la indonesia.


Arévalo, la villa favorita de Isabel la Católica

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Los productores de la serie Isabel –con minutos de oro de más de cuatro millones de espectadores– lo tuvieron fácil con respecto a Arévalo. No hizo falta Photoshop, ni trucos. Desde los trigales y pinares que envuelven a la villa abulense, la actual imagen del castillo podría ser la misma que cinco siglos atrás. Lo que ocurre es que la serie miente (en aras del efectismo); no fue en ese castillo donde vivieron los años más felices de su vida Isabel y su hermano Alfonso, junto con su madre viuda Isabel de Portugal (y su abuela Isabel de Barcelos, a la que nadie menciona, ¡pobre!). No vivían ahí sino en un palacio o Casas Reales que había en la Plaza del Real, edificio que fue luego convento y aguantó el tipo hasta que unos meses después de morir Franco lo demolieron, sin más contemplaciones.

Ciudad señorial

Arévalo es telón de fondo en toda la serie porque sus trece capítulos se ocupan solo de la Isabel joven, hasta que fuera proclamada reina de Castilla. El palacio real (pueden verse fotos, y su maqueta, en el museo de la ciudad) desapareció, y esa misma suerte parecen a punto de correr unos cuantos más, grapados y sostenidos por prótesis de hierro. Y es que Arévalo fue una de las ciudades señoriales de Castilla, cuya corte era itinerante (hasta Felipe II). Importante por sus defensas naturales (cercada por las hoces de los ríos Adaja y Arevalillo) y militares, pero, sobre todo, por su opulencia, debida a la lana y especialmente al cereal. Como anécdota, cuando el poeta Gil de Biedma (que veraneaba muy cerca de allí) tuvo que pronunciar el discurso de ingreso en la carrera diplomática, en vez de elegir, como sus colegas, ciudades de postín, tipo Roma, París o Londres, eligió, para asombro de todos, Arévalo.

La puerta llamada de Alcocer, que da acceso a la Plaza del Real (y al palacio esfumado), es un regalo que hicieron los árabes a la ciudad cuando era suya (además de alcantarillado y otros lujos urbanos). En esa puerta-baluarte, además de la Oficina de Turismo se instaló no hace mucho un pequeño Museo del Cereal, algo muy apropiado para este enclave cerealista, que lo sigue siendo. A las afueras del casco urbano se mantienen en pie varias harineras; una de ellas sigue funcionando y, según los entendidos, es uno de los dos o tres puntos donde más grano se mueve de toda España (Arévalo cuenta con ferrocarril y buenas carreteras). El museo está instalado en la parte alta del torreón, en lo que fuera cárcel hasta hace poco –se ven los grafiti de los presos–, y su capilla. Hay otro espacio dedicado al cereal, dentro del (muy rehecho) castillo; éste se puede visitar, aunque el museo no está aún inaugurado. Se trata en realidad de un muestrario; si los incas cultivaron, dicen, hasta tres mil variedades de patata, en esta colección se muestran unos 250 cereales, que no está mal. Naturalmente hubo y hay una alhóndiga o depósito de trigo; se conserva la fachada y poco más, y ahora lo que almacena no es grano ni paja: es una biblioteca.

Moros y judíos

En el trajín por los rincones de Arévalo nos ha estado saliendo al paso, de forma persistente, el ladrillo, ahora tan denostado. Símbolo y alma de un estilo de arquitectura y también de vida: el mudéjar. El estilo mudéjar traduce el mestizaje que imperaba entonces en Castilla (cosa que refleja bien la serie televisiva), tanto en arte como en ropas o costumbres. Los cristianos de Arévalo se llevaban, más o menos, con judíos y musulmanes; la aljama o barrio judío contaba con unos 600 vecinos, y la morería, con algunos más. Aparte de los relumbrones cristianos, casi todos de paso, Arévalo vio nacer a figuras de relieve que son más conocidas fuera que dentro de España, como Mancebo de Arévalo, autor de la Tafçira, tratado de mística islámica, o como Abraham Gómez Silveira, emigrado a Holanda en el siglo XVII, rabino y escritor. Sí se conoce más al paisano Fray Juan Gil, fraile trinitario que rescató de las cárceles de Argel a más de 500 cautivos, entre ellos un tal Miguel de Cervantes.

Esto y más puede verse en el Museo de Historia de la ciudad, ubicado en la antigua Casa de los Sexmos (un tipo de impuesto, para entendernos, como los diezmos). Esta casa está en una de las plazas más bonitas y mejor conservadas de Castilla, la Plaza de la Villa (¿cómo no la han aprovechado en la serie?), porticada y presidida en sus extremos por dos iglesias mudéjares, Santa María y San Martín. En la de Santa María puede verse un Pantocrátor románico en el ábside, y otras pinturas. La de San Martín, con dos torres gemelas que no lo son, ha sido reconvertida en centro cultural de la Obra Social de Caja Ávila; un ágora importante, por los conciertos y exposiciones que aloja, pero también por la propia arquitectura, armónica emulsión de románico, mudéjar y barroco.

Gente importante

Naturalmente, hay más cosas para ver y disfrutar de Arévalo. Aparte del skyline singular de torres que se ve desde la autovía, hay palacios y casonas reutilizados, iglesias (algunas cerradas) y conventos (en ruina), puentes, calles soportaladas y casas de cuño mudéjar más o menos vetusto. Y muchos fantasmas, de gente importante que se movió por aquí; los que salen en la serie (Isabel volvió muchas veces a la que llamaba “mi villa”, su Rosebud añorada) y otros, como Ignacio de Loyola, o la segunda mujer del marido de Isabel, Fernando el Católico...

Hablando de gente, muchos saben que el periodista Emilio Romero (muerto en 2003) era de Arévalo; pero no tantos sabrán que allí nació también Eulogio Florentino Sanz, un señor que compuso algún drama y tradujo nada menos que a Goethe y Heine del alemán, dándolos a conocer a nuestros románticos. También era de allí el escritor Julio Escobar, muerto en 1994 y bien conocido por gastrónomos ilustrados; decía que los peces del Adaja eran “incorruptibles” (es verdad, se momifican o secan bien, con tripas y todo, gracias al arsénico que arrastra ese río taimado...).

Hablando de comer, otro de los atractivos capitales de Arévalo es el tostón. En la calle Santa María, José María y María José Martín, hermanos gemelos y quinta generación (por lo menos) de panaderos, siguen asando cochinillos en horno de encina. Lo hacen para particulares o restaurantes (aunque estos, casi todos, tienen horno propio). Han llegado a asar hasta trescientos animalitos en un día (Nochebuena, por ejemplo). Y presumen de que en su casa (que fue antaño posada) paró en alguna ocasión Santa Teresa. Glosando palabras, precisamente de la santa, podríamos decir que Dios anda también entre cochinos. De hecho, saben a gloria.

Tostón con pedigrí y una divertida receta en verso

El Tostón de Arévalo goza ya de D.O. con su correspondiente logo. Una docena de restaurantes, además de carnicerías o tiendas, se acogen a la marca. El cochinillo, según los cánones, debe tener menos de veinticinco días, pesar unos tres kilos y (dicen los puristas) mejor si es hembra. Se churrasca en horno calentado con encina o cándalos de pino (esta comarca se llama La Piñonería, precisamente). Sobre fuente de barro de Tiñosiños, sin vidriar, para que el barro vaya cogiendo pátina y acabe negro como un tizón (en Tiñosiños, 24 kilómetros al sur de Arévalo, trabaja todavía un alfarero). La receta fetén del tostón la puso en verso un vate local llamado (no es broma) Manolo Perotas; consultar en Internet, es divertidísima.


viernes, 30 de noviembre de 2012

Viena celebra a lo grande el 175 aniversario de Sisí emperatriz

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El 24 de diciembre se conmemora el 175 aniversario del nacimiento de Isabel de Austria, conocida como Sisí emperatriz. La capital austriaca, Viena, ha preparado un calendario de eventos, exposiciones y hasta un musical de gran éxito para celebrar esta efeméride. Nacida en Múnich, Sisí ha pasado a la historia como un icono de la nobleza austriaca. Su fama se debió en parte a su gran belleza, pero también a su pasión por la cultura y los viajes, y por una rebeldía que la retrató como una mujer demasiado avanzada para su tiempo, lo que le trajo no pocas complicaciones.

Ahora puede verse en el Raimund Theater de Viena la versión del musical Elisabeth, sobre la vida y la personalidad de la emperatriz. Este musical en alemán se estrenó hace 20 años en Viena y desde entonces la canción Ich gehör nur mir (“Yo solo me pertenezco a mí misma”) ha dado la vuelta al mundo. Desde su estreno en 1992, más de ocho millones de espectadores de 11 países, entre los que figuran Corea y Japón, han disfrutado de este espectáculo.

Por su parte, el Hofmobiliendepot (Museo del Mueble) dedica una exposición a los viajes de Isabel a Corfú. En 1861 la emperatriz visitó por primera vez esta isla griega y 15 años más tarde volvió para construirse el Palacio del Aquileón. Uno de los temas centrales de esta exposición es el interés de la monarca por la cultura y la arqueología de Grecia (aprendió el idioma para entenderla mejor), así como la decoración de su refugio griego. La emperatriz realizaba sus viajes principalmente en su yate Miramar y en su lujoso vagón de ferrocarril. Junto a un modelo de este yate pueden admirarse vestidos y utensilios de viaje. El museo muestra asimismo la exposición permanente Sisí en el cine, con escenas y muebles originales de la trilogía cinematográfica que firmó en los años 50 el director austriaco Ernst Marischka, con Romy Schneider como protagonista inolvidable.

Otras visitas indispensables son el Museo Sisí, en el Palacio Imperial de Hofburg, con una muestra permanente a la que se ha añadido el renovado baño de la emperatriz y el mundialmente famoso retrato del pintor Franz Xaver Winterhalter, restaurado para esta ocasión, y el Palacio de Schönbrunn, la residencia veraniega de la familia Habsburgo. En el Museo de Carruajes Imperiales del palacio (Wagenburg) puede seguirse el Sendero de Sisí, que conduce desde su boda hasta su trágica muerte en 1898. Gran amante de los viajes, la emperatriz falleció en Ginebra, apuñalada, el 10 de septiembre de 1898, frente al hotel donde se hospedaba, el lujoso Beau Rivage, que de manera discreta permite visitar su habitación y el museo creado en su honor por este establecimiento situado a orillas de lago Lemán. Para terminar de manera dulce, la pastelería vienesa Demel (antiguo proveedor de la Casa imperial) sigue produciendo las violetas escarchadas que tanto gustaban a la rebelde y coqueta Sisí.

www.austriatourism.com