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viernes, 1 de febrero de 2013

El barrio del Jordaan de Ámsterdam

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Probablemente sea Jordaan el barrio representativo de la Ámsterdam más real: jardines, callejuelas, canales… y las ventanas a pie de calle que parecen invitar a cotillear a los transeúntes. Nada más lejos de la realidad: los holandeses casi nunca miran a través de las ventanas sin cortinas debido a su tradición protestante.

Este barrio que fuera originalmente gremial se ha repoblado con galerías de arte, tiendas, cafés y restaurantes… En Jordaan palpita la libertad y el respeto, como corresponde a la zona que cuenta con el Museo de Anna Frank, las esculturas de Johnny Jordaan y su banda o el Homomonument, monumento a los gays y lesbianas que han sido perseguidos por su condición sexual.

Si miramos el plano de la ciudad, lo situaríamos en el entramado de calles estrechas que se encuentra a la izquierda de la Estación Central, concretamente entre Prinsengracht y Lijnbaansgracht hasta Leidsegracht. Paseando por estas callejuelas obtendremos un doble beneficio: alejarnos de los turistas más ruidosos que se quedan en el centro y encontrar auténticas joyas en sus tiendas de ropa de segunda mano. En Letticoat, por ejemplo, hay un buen surtido de abrigos de astracán, cazadoras tipo aviador y coloristas camisas estampadas.

A menos de cinco minutos tropezamos con otro lugar que resume el espíritu del Jordaan: Brillen, una destartalada tienda especializada en gafas viejas. Casi en la esquina tropezamos con varios restaurantes que miran a Prinsengracht y a la iglesia de Noorderkerk. Uno de los favoritos de los lugareños es el Café Proust, donde puede tomarse un aperitivo, cenar o ir de copas. Vale la pena entrar, aunque sea solo para ver la espectacular lámpara que pende sobre la barra: una escultura de leds en forma de revólver de unos dos metros de longitud.

En una de las calles centrales del barrio, Westerstraat, nos encontramos con Deliciousfood, donde venden pastas y arroces ecológicos a granel. A solo unos metros volveremos a la infancia probando los artilugios de cuerda de Mechanisch Speelgoed, o babearemos en la más impactante tienda de decoración de Holanda: Moooi Gallery.

Ya en la parte sur del barrio podremos apuntarnos a los asequibles cursillos de diseño de joyas que se hacen los domingos en Roosieraad –¡solo duran tres horas y te llevas una pieza hecha por ti mismo!– o nos sumergiremos en los años 50 si entramos en Cherry Sue, donde te hacen ropa a medida con todo el estilo de esa década.

Probar las delicias de chocolate y mazapán de la confitería Arnold Cornelis bien merece una visita y, con suerte, uno puede sentarse en una de las mesas del local. No se debe abandonar el barrio sin ver la Central del Ukelele de Ámsterdam: la Uke Boutique.

Diseño y arte en “La Bañera” de Holanda

Disfrutar del reinaugurado Stedelijk Museum, dedicado al arte moderno, contemporáneo y al diseño, es un excelente motivo para escaparse a Ámsterdam. Ubicado en el centro, junto al Museo Van Gogh y enfrente del famoso auditorio Concertgebouw, volvió a abrir sus puertas en septiembre de 2012. Merece especial interés el nuevo edificio diseñado por Benthem Crouwel, al que han bautizado popularmente, por motivos evidentes, como La Bañera.


viernes, 16 de noviembre de 2012

Barrio de Kreuzberg en Berlín

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El río Spree marca el límite norte de Kreuzberg, el barrio que ha robado protagonismo a los ya casi aburguesados Prenzlauer Berg y Friedrichshain. En esta parte de Berlín aún siguen conviviendo familias turcas, artistas, punkies, okupas, estudiantes y modernos cautivados por su gran oferta nocturna. Algunos de ellos rematan la fiesta desayunando en la terraza del Café Am Engelbecken , situado junto al estanque homónimo, que en invierno se convierte en una pista de hielo gratuita donde los vecinos patinan y juegan al hockey. Tras el desayuno, la ruta continúa hacia el curioso Museo de las Cosas , con más de veinte mil objetos de la vida cotidiana del siglo XX. Esta colección está en el nº 25 de la Oranienstrasse, la calle más animada de Kreuzberg y escenario del movimiento okupa y punk del Berlín de los años 70 y 80. Con muchos cafés y tiendas, se puede ver arte en la legendaria galería Endart (nº 36), moda berlinesa en Wildfremd (nº 194), el característico estilo retro cool de la ciudad en el café Luzia (nº 34) o creaciones de jóvenes diseñadores en la tienda-galería Voo Store (nº 24), sin olvidar comedores con solera como Max und Moritz (nº 162), con generosas raciones de platos alemanes.

Tras el paseo por Oranien-strasse se puede tomar un dulce en el cercano mercado decimonónico Markthalle Neun (Eisenbahnstrasse, 42), salvado del derrumbe por los vecinos, o acercarse a la Bethanienhaus (Marianneplatz, 2), un antiguo hospital que durante tres décadas acogió el espíritu artístico del barrio. Hoy, la mayor parte de su actividad se ha trasladado a una antigua fábrica situada en la calle Köttbusserstrasse. Junto al río y en las inmediaciones del fotogénico puente de Oberbaum se hallan tres de los grafitis más conocidos de Kreuzberg, firmados por el artista italiano Blu y ubicados en Schlesischestrasse con Cuvrystrasse y en Falcken-steinstrasse (nº48). Con un tercio de la población del barrio de origen turco, lo suyo es acercarse, si es martes o viernes, a Türkenmarkt, el mercado que se organiza en Maybachufer, a orillas del canal. Entre las familias turcas se ven jóvenes bohemios de Kreuzkölln, una zona de moda repleta de cafés y bares a caballo entre Kreuzberg y Neukölln, cuyos límites los marcan las calles Kottbusserdamm, Sonnenallee, Wildenbruchstrasse, Kiehlufer y Maybachufer. El recorrido continúa hacia el oeste, donde se puede observar Berlín a vista de pájaro desde la colina del parque Viktoria o pasear por las pistas del antiguo aeropuerto de Tempelhof, protagonista de la historia de la ciudad desde los años 20 hasta la guerra fría.

Clásicos de Berlín para cuando cae la noche

En la zona del río quedan los clásicos Club der Visionäre, un antiguo cobertizo que se anima al caer la tarde y cuya fiesta dura toda la noche, y Watergate (Falckensteinstrasse, 49), con ritmos electrónicos y vistas sobre el Spree. Otros clásicos del barrio son Würgeengel (Dresdener Strasse, 122), un local tipo años 50 donde disfrutar de un cóctel, y el simpático Ankerklause (Kottbusser Damm, 104), perfecto para despedir la tarde con buena cerveza alemana.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

El romesco añade la nota de sabor al otoño de Tarraco

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En el Serrallo, el barrio pesquero de Tarragona, nace el plato más representativo del recetario tradicional tarraconense: el romesco. La receta original solo llevaba ajo, pan duro, aceite de arbequina, pebrot vermell (pimiento choricero) y sal. Después añadieron tomates escalibados, almendras (marcona) y avellanas de Reus fritas. Ingredientes que encontramos en todas las cocinas y con los que podemos hacer dos recetas parecidas, pero con diferentes aplicaciones: la cassola de romesco y la salsa fría de romesco. La cassola es un guiso marinero y siempre lleva apellido: romesco de rape, romesco de lubina, romesco de calamar y patatas… y donde el romesco es un elemento más en la cazuela; y, por otro lado, tenemos la salsa fría de romesco, que, como todas las salsas, es un compañero de viaje, el chevalier servant que acompaña al ingrediente principal, realzándolo y nunca enmascarándolo.

Según la asociación de maestros romescaires, hay varias diferencias entre el romesco madre del guiso y la salsa fría de romesco. Los dos llevan ajos escalibados, ajos frescos que dan ese punto picante pero sin pasarse, sal, aceite de arbequina y pan seco. A partir de aquí comienzan las diferencias; en el romesco madre el pimiento va frito y a la mezcla se le añade vino seco, se tritura y se obtiene una salsa densa de textura grumosa. Mientras que en la salsa fría el pimiento se remoja en agua y con una cucharilla se rebana la pulpa, además se añaden unos tomates escalibados, se tritura y la mezcla se rectifica con sal y un chorrito de vinagre originando una salsa fina y homogénea. Esta es la teoría, porque en la práctica hay muchas alternativas: ajos crudos, asados o fritos; pimientos fritos o escaldados, con o sin pepitas… cada cocinero tiene su propia receta, incluso hay algunos que añaden guindilla, hierbas y especias, entre otras muchas cosas que no nos cuentan. Encontramos recetas en las que se sustituye el pimiento choricero por la ñora (pimiento redondo y algo mas dulce), pero la ñora solo se debe emplear cuando no se encuentra el verdadero pebrot.

Ya sea carne o pescado, frío o caliente, dulce o salado, el romesco es un buen complemento, que va bien con casi todo. Todos los años, la Asociación de Tarragona Gastronómica organiza las Jornadas del Romesco, con las que pretende dar a conocer una cocina tradicional bien hecha, con productos locales, frescos y de buena calidad, que coge el tren de la modernidad y sabe actualizarse. Este año se celebró del 10 al 28 de octubre y 40 fueron los restaurantes repartidos por toda la ciudad que ofrecieron un Menú Romescaire al alcance de todos los gustos y todos los bolsillos (20, 27 y 35 euros), un precio en el que estaba incluido el agua, una cerveza Damm Inedit y el IVA. Pudimos degustar los clásicos romescos y otras propuestas más modernas y arriesgadas, platos llenos de creatividad e imaginación.

Vermut y recetas originales.

Dentro de la oferta para la ocasión merece la pena destacar un buen puñado de recetas originales como el trifásico de atún con pan de romesco de L’Onada, la ensalada tibia de pulpo con mayonesa de romesco de Balandra, los chipirones de playa con salsa fina de romesco de Manolo, el salmorejo de romesco y el tartar de dos salmones con vinagreta de romesco y helado de pimiento de Arcs, los raviolis rellenos de conejo a la rabiata (romesco picante) de Pulvinar, el rodaballo con salsa romesco y mejillones del Taller de Cuina, la espuma de romesco con gamba roja de Tarragona de De Vins y, para terminar, un ravioli de mango y confitura de tomate con trufas de chocolate y romesco crujiente en El Terrat.

La moda del vermut no pasa y sigue siendo la bebida del aperitivo de los tarraconenses, en vaso o en copa, pero siempre con hielo, una rodajita de limón, otra de naranja y un chorrito de sifón. En este aperitivo nunca faltan las olivas y las patatas fritas; Yzaguirre (fundada en 1884) y Miró (en 1957), las dos de Reus, son las marcas preferidas. Siguiendo las nuevas modas de recuperar los sabores de antaño renacen como ave fénix la cerveza Rosita (Original, D’Ivori y la negra hecha con avellanas de Alcover) y el Suau, una bebida refrescante elaborada con café, gaseosa y azúcar, y que se ha de beber muy fría. El chartreuse no renace porque nunca se fue y sigue estando de moda; la mamadeta (chartreuse con granizado de limón) es la bebida oficial en las fiestas de Santa Tecla, ya que no hay que olvidar que los monjes cartujos franceses tuvieron una destilería en la Plaça dels Infants de Tarragona hasta el año 1989. El vino se guarda para las comidas.

Hay otras ofertas gastronómicas diferentes, como las que nos propone Tastets de ciutat (Degustando la ciudad). Son reuniones alrededor de una mesa, en una terraza, con un guía profesional que nos explica la ruta elegida. Hay tres rutas marcadas: la del Circo Romano, cuya reunión se hace en una terraza en la misma Plaza de la Font, situada encima de lo que fue el circo romano; la Ruta de la Catedral, con las explicaciones de la ciudad medieval, y la del Serrallo, que saborea la gastronomía del barrio pesquero y la historia de esos terrenos ganados al mar. El que la reunión se haga en una terraza no es cuestión baladí, ya que en las rutas se ofrece una bebida y una tapa gastronómica relacionada con la época (Roma, medieval y guiso marinero). Es una manera muy cómoda y lúdica de conocer la historia desde otra perspectiva.

Un menú romano.

Otra propuesta interesante es Tarraco Viva, un festival que pretende divulgar el patrimonio histórico y sensibilizar a los ciudadanos de la importancia de conservarlo. Durante el mes de mayo la ciudad se transforma y la Roma antigua resurge en cada esquina: teatro, música, mercados y gastronomía. La asociación Tarraco a Taula organiza también en esos días auténticos menús romanos con algunos restaurantes de la ciudad, incluyendo platos como pulpo a la brasa con rosas o higos con pato.

Por último, podemos contactar con un bloguero, muy conocido en el mundo de los cocinitas, el cocinerofiel.com, que aspira a redescubrir “el estilo de vida mediterráneo a través de historias cotidianas y personas extraordinarias”. Y seguro que nos dará algunas pistas interesantes.